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Personal:Ser buena alumna e intentar sobrevivir al sistema educacional
10 sept. 2016 // 21:31


Esta es quizás una de las entradas más personales que haya escrito hasta ahora, pero el tema me viene dando vueltas hace días y no sé porqué cuento esto, pero supongo que me liberará o expiará mis temores de ingenua pseudo antropóloga que le tiene miedo a la vida. 



Vengo de una familia muy liberal, pero que cree fuertemente en la meritocracia y en el logro de metas fundamentado en el esfuerzo individual de los y las seres humanos. No vengo de una familia burguesa ni new rich ni nada de eso; mis abuelos son comerciantes y obreros, y la generación de mis padres y tías/tíos es la primera generación de profesionales en mi familia -cosa bastante común en Chile, debo decir-. Mi mamá es profesora de educación diferencial y mi papá es músico -percusionista sinfónico- y siempre fui incentivada a entrar a la universidad porque era la única forma de conseguir un buen futuro y un buen pasar económico; así que desde muy pequeña supe que debía entrar a la universidad no como una meta sino como el inicio de una vida adulta y exitosa. Si bien fui buena estudiante en la escuela, no me esforcé mucho y los últimos dos años terminé además estudiando música algunos días a la semana. Entre el violoncello y la escuela yo no daba más de cansancio, y el último de mis años escolares entré al extremadamente rentable negocio de los preuniversitarios o clases de reforzamiento -los días sábados-. Me quería morir, pero como mi situación académica de ese entonces había sido mi decisión, mis padres no me dejaron renunciar a ninguna actividad -es que mi mamá siempre ha sido extremadamente exigente-. 
Di la prueba de admisión universitaria o PSU absolutamente convencida de que no iba a ser seleccionada en ninguna universidad y que tendría que esperar un año más, cosa que me parecía bastante lógica y hasta sana, considerando que ya llevaba 12 años inserta en el sistema educacional chileno -salvo mi exitosa deserción del jardín infantil, el mayor acto de anarquía de mi vida- . Así que ese día fui a dar la prueba y volví a dormir y ver películas en mi casa. A los días después, me obligaron a ver mis resultados y oh, había quedado en una de las universidades que alguna vez consideré como una opción. Y quizás fue la emoción del momento, no lo sé, pero postulé sabiendo que iba a quedar en la carrera de mis sueños. Quiero ser enfática en esto: nunca quise entrar a la universidad, pero si quería estudiar antropología. 
Postulé, además, muy decidida a tener excelentes notas y a ser muy buena alumna para luego un magíster y luego un doctorado y luego no sé qué más.
El primer año, estaba muy contenta y todo era muy nuevo para mi: adiós a las reuniones de padres, hola a las buenas notas, a la vida adulta, a ser responsable por mis actos, a los buenos hábitos de estudios, a nuevos amigos. Y el primer año fue un muy buen año, tranquilo, con buenas notas, un buen grupo de amigos. 
Entré a un segundo año muy entusiasmada por dejar de ser "mechona" -así se les llama en Chile a les estudiantes de primer año- y todo fue muy bien inclusive con las paralizaciones estudiantiles y eso. Inicié un segundo semestre muy tranquila hasta más o menos la fecha de partir a mi trabajo de campo: estaba histérica -hay registro de eso en este blog- y aunque hice un excelente trabajo de campo, se nos juntaron entregas de informes, ensayos, evaluaciones: pase noches sin dormir por primera vez, lloré como niña emo en pleno 2009, me frustré, me saqué malas notas por algo tan banal como la falta de tiempo y no la calidad de mi trabajo, y en fin, fue horrible y lo recuerdo con mucho miedo. 
Sin embargo, mi espíritu demasiado entusiasta me hizo entrar a tercer año muy feliz: empecé a entender que quería hacer en un futuro -antropología y estudios latinoamericanos- pude hacer dos ayudantías y comprobar que adoro enseñar, hice trabajos muy entretenidos y a pesar de la paralización, la toma de mi universidad, las noches sin dormir y los exámenes con mucho dolor de estómago y nervios, fue el mejor semestre de mi vida académica: me fue extremadamente bien y yo estaba feliz. A causa de la toma de la universidad, tuve pocos días de vacaciones y ahí empieza el problema. 
Este semestre inició como si fuera a acabar y no tiene pinta de mejorar. Gracias a la vida no quedé seleccionada en una ayudantía que quería hacer -nunca pensé que iba a decir esto- y en un intento de perfeccionarme para el futuro, inicié un minor -que es como una especialización- en literatura latinoamericana que vale decir, no me ha servido para nada y no pretendo continuar el próx. año. Tengo 7 asignaturas y nuevamente me quiero matar. Además, como si fuera poco, estoy a 12 días de partir a mi trabajo de campo y aunque estoy muy muy feliz, siempre hay un poco de miedo a lo desconocido (vamos a trabajar a Argentina) y temor al fracaso -el día que no me dé nervios ir a trabajo de campo juro que dejo de ejercer la antropología-. Esto significa que antes de partir, todas, todas las asignaturas nos hacen cagar a evaluaciones y toda la agenda está muy apretada. 
No me estoy quejando de la antropología -bueno, puede que un poco- sino de un sistema que te obliga a rendir hasta el último esfuerzo para obtener una buena calificación y ser "alguien"; es como dijo una amiga una vez, nos vuelven estudiantes explotados para ser trabajadores explotados. Yo ya estoy dentro del sistema, no voy a suspender mis estudios, pero si miro hacia atrás me hubiese gustado encontrarme con alguien que me dijera que la universidad no era la única opción en la vida. Que no es obligación ser alguien. Que podía aprender un oficio y trabajar en ello; que era normal querer descansar de las instituciones. Quizás si me hubiese dedicado a descansar un año hubiese terminado estudiando publicidad o algo relacionado al marketing y a los medios digitales, no lo sé. 
Yo decidí ser una alumna de buenas notas y eso no va a cambiar ahora que tengo la mitad de la carrera hecha. Eso requiere de hábitos de estudios y de constancia, pero la carga de este semestre me está impidiendo dar todo de mi. Adoro la antropología, pero estudiar se ha vuelto un tormento. El otro día estaba muy asustada porque no conseguía realizar unos contactos para hacer un trabajo y una amiga me dijo "¿para qué te preocupas, si te va a ir bien igual?", sí, puede ser, pero detrás de cada trabajo largo -un informe de laboratorio o de métodos- hay un sufrimiento extremo, llanto, angustia y pocas horas de descanso. Estudiar para una prueba no es tan terrible, tomar un par de textos y leerlos, pero formular una "investigación" se está volviendo insostenible. Y no es grato estar así, en extremo cansada y enojada. 
Duermo y no descanso, nunca me había costado tanto salir de la cama, en serio. No he dejado de lado cosas como el manga o el web cómic porque son de rápida lectura, pero no he visto ninguna serie y ni hablar de una película. No he podido avanzar en los bordados y realmente tengo muy poco tiempo de mi preciado ocio. Dejo los sábados para descansar pero al otro día me siento culpable y ando llorando como una magdalena por todos los rincones de la casa. 
A veces creo simplemente que la universidad no es para mi y que debería dedicarme al bordado de alta costura y a hacerle la ropa a la Mary Rose Mac Gill o algo así; sin presiones o sin el estrés constante del mérito propio.
El único consuelo que me queda es que faltan poco más de dos mese para que se acabe el semestre y que arda Chile. Espero que el resto de les estudiantes ahí afuera no sufra tanto como yo. 

Abrazos, Fran.

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Fran // 21 años // Santiago de Chile
Lamentos de una estudiante promedio de antropología.
lifestyle • animé y manga • arte • música • literatura • bordado • feminismo • otros.
Combato el patriarcado y la heteronorma desde un computador.
Soy ante todo, una chica odiosa. Pero graciosa.
g i r l p o w e r
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